Un texto interesante…

•Agosto 17, 2009 • Dejar un comentario

*EL OFICIO DE LA PASIÓN*
Por: Santiago Kovadloff

En vidas como las nuestras, donde todo parece destinado a transformarse, la vocación se manifiesta como un fenómeno anómalo: resiste, indoblegable, el paso del tiempo; expresa, en su constancia sin mengua, la magnitud de su misterio. La vocación, digámoslo desde ya, no es una elección. Hay, entre una y otra, radicales diferencias. La elección es siempre obra del sujeto; la vocación, en cambio, da forma al sujeto, lo constituye.  Sí, la vocación nos elige. Ella dispone de nosotros, se nos impone.

Podemos, es cierto, desatenderla; no obrar en consonancia con su signo. Pero ese desapego acarrea un costo y ese costo, invariablemente, es el de un profundo desasosiego. Es que al no aceptar ser lo que hacemos, difícilmente podamos llegar a ser lo que queremos. Es fácil, sin consecuencias, dejar a un lado esto o aquello. Gustos, aficiones, y hasta intereses pueden soslayarse sin riesgo. Pero no una vocación. Del vigor de una Vocación, sin embargo, no sólo habla su tenaz persistencia en el tiempo. Mucho dice de élla, además, la empecinada decisión con que enfrenta el rechazo que a veces le evidenciamos. Porque si es cierto que quebrantar una vocación equivale a perderse; no haberse visto impulsado alguna vez a terminar con ella implica no haberla sentido en toda su compleja intensidad. Es que una vocación tiene, también, mucho de insoportable. Por naturaleza es absorbente, despótica, inflexible.

No tolera ambigüedades ni deserciones, no soporta siquiera claudicaciones ocasionales ni deserciones en su asunción. Exige obediencia, estricto acatamiento. Y lo exige bajo el doble imperativo de la plena subordinación a su mandato y la total consagración a su sentido. Todo ello, como se ve, convierte a la vocación también en una penuria. Porque si es cierto que en su cumplimiento encuentra quien la sirve, una de sus máximas satisfacciones, esa misma entrega hace que, los padecimientos que su realización impone, alienten, por momentos, el deseo de olvidarla o, al menos, de alternar entre su yugo férreo y alguna opción menos perentoria y acaso más amena.

Es que a veces se hace imprescindible sentir, aunque sea fugazmente, que es nuestra voluntad y no nuestro destino, la que comanda el rumbo de nuestra vida, libre al fin del oscuro y poderoso mandato que la ha escogido como su vocera. El que alguna vez anhelemos vernos sustraídos al imperioso tener que obrar dispuesto por la vocación, no deja tampoco de vincularse al hecho de que jamás se sepa a ciencia cierta si es recíproca la pasión que une al creyente con su fe. Podrá comprenderse con claridad, en un momento dado, qué exige de nosotros la vocación; pero difícilmente llegará el instante en que nos sintamos persuadidos de estar sirviéndola como se debe.

Por cierto, el reverso de tanta inquietud es la alegría mayor de contar con una pasión o, mejor aún, la alegría de saberse agradado por ella. Y es que, antes que nada y por sobre todo, una vocación es la más espléndida victoria que un corazón puede lograr sobre la rutina y la indiferencia, y aun sobre la muerte. Porque la muerte puede derrotarnos sólo si nos sorprende fuera del ejercicio de nuestra pasión. Se trata, vista así, de un auténtico privilegio, de un atributo singular. Y quien se entienda como acreedor de tamaño beneficio, sabrá que nada ha hecho para merecerlo y que siempre será poco cuanto de sí mismo dé para estar a la altura de la ofrenda. Jactarse de contar con un don semejante, es más que un acto de frivolidad: es un indicio triste de incomprensión de su idiosincrasia. La vocación prueba, con su intrincada naturaleza, que el hombre cabal no es el presuntuoso que se juzga patrón de su alma sino aquél que se sabe a merced de inclinaciones y misteriosos mandamientos que lo fuerzan a desconocerse, si de verdad se quiere reconocer. La vocación revela, a quien lo abraza, que es depositario de un mandato esencial y no el forjador del mismo. Es cierto que la función de ese depositario es, en grandísima medida, la de realizar tal mandato. Pero se trata de cumplir una orden, no de darla. Si hemos de creerle al magnífico Stendhal, no hay nada más hermoso que tener por oficio la propia pasión. Pero, con igual contundencia y menor inspiración,reconozcamos que nada es más extraño, a la hora de averiguar qué se quiere, que verificar que algo se manifiesta a nuestro espíritu ya no como lo que ventualmente podríamos hacer sino, tajantemente, como lo que no podremos dejar de ser. Y es en este punto crucial donde cabe reconocer de qué cantera extrae su goce el hombre de vocación. Lo extrae de su persistencia, de la perseverancia con que milita en las filas de su pasión.

El es el hombre que insiste, que cava, que trabaja. Consagrarse a una vocación, empero, no implica necesariamente contar con aptitudes de excepción para su cumplimiento. Casi nunca el hombre de vocación difiere del que no lo es por el caudal de recursos de que dispone. Difiere de él, eso sí, por su imposibilidad de dejar de hacer. Aunque no
logre llegar adonde quiere no puede renunciar a encaminarse hacia allí.

Bethoven lo ha escrito con la ejemplar claridad de los entendidos:

“Persevera –propone en carta a su amiga Emilic M., el 17 de julio de 1812- no te contentes con ejercer el arte; penetra también en su ser íntimo. En el verdadero artista no hay soberbia; él sabe, desgraciadamente, que el arte no tiene límites y siente, oscuramente, qué lejos está de la meta, y aun cuando pueda ser admirado por los demás, deplora no haber llegado todavía allí donde lo mejor de su genio no resplandece más que como un sol lejano”.

Sí, el hombre de vocación está perdido. Pero perdido en su propia casa y no en casa ajena. Y ésta y no otra es la diferencia: extraviado en su verdadero hogar, de él emana su alegría. La marcha que lo desorienta se cumple en un escenario que reconoce. Él es el laborioso amante de esa causa que, habiéndole probado de mil modos que él ha nacido para ella, jamás le aseguró que ella hubiese nacido para él. Al hablar de la vocación es usual que recurramos al verbo tener. Así es como decimos que ella tiene o que yo tengo vocación.

Lo correcto, en cambio, sería decir que a mí o a ella nos sostiene una vocación; ya que, si de tener se trata, es sin duda la vocación la que nos tiene en su poder. Es que la vocación guarda en un puño al corazón que alimenta. Por congénita idiosincrasia, la vocación es hegemónica e imperativa. Contrariamente, es más que ajustada la expresión inversa, la que remite a una falta de vocación. De hecho, donde no hay vocación, donde el aliento de su estímulo espontáneo no sobreviene, inútiles resultan todos los esfuerzos por promoverla, vengan por donde vinieren.

Si falta la vocación, quien de ella carece podrá decidir, con razonable libertad, en qué ocuparse. No ha sido elegido: podrá, en consecuencia, elegir. No está hipotecado por una irreversible dependencia hacia el mandato. Puede decidir qué hacer.
El hombre de vocación en cambio, no tiene remedio, ha sido escogido. Si no acata el mandato impuesto, vivirá acosado por el dolor incesante de una trasgresión primordial. “El que desea y no obra -afirmó William Blacke-engendra peste”. El hombre de vocación es, por eso, bastante más y bastante menos que cualesquiera de sus congéneres. Bastante más porque conoce el fuego vivificante de la pasión. Bastante menos, porque su margen de acción está acotado por la fatalidad. No puede eludir el cumplimiento de su pasión, sin caer en desgracia. Al igual que el Dios Eros, celebrado por Fedro en el Banquete, la vocación es siempre joven, vital, arrolladora. el tiempo que transcurre no merma su lozanía. Envejecen sus emisarios, no la vocación; y su compleja idiosincrasia impide, además, que podamos prever el instante milagroso de su floración. Porque si es cierto que una vez que se manifiesta ya no retrocede, nadie sabe, en verdad, a que altura de una vida habrá de aparecer. Francia nos brinda, al respecto, los ejemplos elocuentes: Rimbaud se supo poeta casi en la niñez y, cuando la muerte lo alcanzó, hacía ya mucho que vivía violentamente apartado de su vocación. Tenía por entonces la edad aproximada en que Montaigne, no sin asombro, se descubría ensayista.

Tomado del Libro “La nueva ignorancia”. Ensayos reunidos. Santiago Kovadloff. 1990.

Compañeros

•Agosto 2, 2009 • Dejar un comentario

compañero, ra

  1. m. y f. Persona que acompaña a otra.
  2. Cada uno de los individuos que pertenecen a una colectividad:
    compañeros de partido, de colegio.

del 2… sobran…

del 1… faltan…

ideas suicidas

•Julio 20, 2009 • Dejar un comentario

A veces me da la sensación de que los tiempos propuestos por la facultad van a tras mano de las ideas que ciertos estudiantes pretendemos tener… sin embargo es parte de la realidad tener que cumplir ciertos plazos… ¿qué hay que hacer o dejar de hacer para poder llegar en fecha con los tiempos impuestos?

Hoy tuve la sensación de ser la única suicida que quiere ir un poco más allá y hacer algo más de lo que se espera, poder cruzar la línea de lo que sé hacer y aprender mientras me reviento la cabeza tratando de entender cómo hacer lo que no sé hacer pero tuve la idea de hacerlo…

Aunque el tiempo sea apretado, que es más necesario salvaguardar? llegar con tranquilidad, haciendo lo necesario o llegar quemada y agotada pero sabiendo que hice lo máximo que podía hacer? en la pregunta está la respuesta…

Sé que no soy la única… pero no dejo de sentirme sóla, al menos en este momento… en el intento de aprovechar cada tp como una oportunidad de  aprender cosas nuevas en vez de un trámite para que pongan un número en el legajo que certifique que aprobé una materia…

De qué me sirven los números que certifican la aprobación de una materia si no aprendí nada mientras lo conseguía?

Lo que diferencia un 4 de un 10 depende el docente…

Lo que diferencia haber aprendido y exprimido las posibilidades de no hacerlo depende de mí…

Si hacer un tp siguiendo una idea creativa es, a fin de cuentas, una idea suicida… que vivan las ideas suicidas! terminaré estresada, quemada y exhausta pero al menos voy a saber que la nota final,  más allá de que  sea un 4 o un 10, va a estar llena de contenido…

Amiga de la noche

•Julio 12, 2009 • Dejar un comentario

cuando de hacer tps o estudiar se trata, nada mejor que la noche… y justo a punto de irme, después de 7hs de trabajar en un tp sin parar, me topé con esta canción, con este video…

“Friend of the night” – Mogwai

dato increible

•Junio 28, 2009 • Dejar un comentario

hace un año más o menos una persona que se dice docente (o al menos cobra por estar frente a un grupo de alumnos cierta cantidad de horas a la semana en una universidad de diseño) dijo algo así: “Una composición es una agrupación de objetos en un espacio dado, nada más.”

yo todavía no logro creer que fue eso lo que escuché…

Pequeño talento

•Mayo 24, 2009 • Dejar un comentario

¿Para qué estudio…?

O mejor dicho… ¿qué puedo llegar a ser? de todo lo que me imagino que me gustaría hacer en un futuro…

con la cantidad de gente grosa que hay en el mundo…

¿Qué lugar tiene mi pequeño talento entre tantos gigantes?

Clases de clases

•Mayo 24, 2009 • Dejar un comentario

Hay clases de las que se sale con la sensación de no haber aprendido nada, otras en las que se sabe conscientemente que la cantidad de conocimiento es mayor a la que existía antes de comenzar, más allá de que ese conocimiento sea relevante o no para la persona, siempre suma… y existe una clase baja, bajísima, de la que se sale con la sensación de, no solo no haber aprendido nada, sino haber “desaprendido” mucho (confusion de conceptos, agotamiento por intentar entender un caos no calificable como teoría, etc) pero también existen otras clases, el otro extremo de las últimas mencionadas, son aquellas clases de las que se sale en medio de un proceso de pensamiento fluido, donde las ideas recorren todos los rincones de la persona, se tiene más conocimiento? seguro, pero ese no es el punto en sí mismo, es el momento en el que el conocimiento se transforma en capacidad de razonamiento, en idea creativa, en génesis de algo que puede o no volverse realidad, pero eso no importa, lo que importa es el mismo hecho de ser pensada, el sumar una capacidad, una herramienta de pensamiento más, que termina siendo tanto más importante que el conocimiento en sí mismo… los dos extremos son casos raros, poco frecuentes, los puntos intermedios suelen ser los comunes, seguiré intentando evitar pensar en el extremo inferior… seguiré disfrutando cada vez que encuentre (las pocas veces que encuentro) ese valor agregado que no muchos profesores dan y no termino de entender qué es lo que lo genera… espero algún día descubrirlo…

qué estudio?

•Mayo 10, 2009 • Dejar un comentario

qué pasa cuando lo urgente reemplaza a lo necesario?

qué pasa cuando tengo que leer dos libros aburridísimos (y en sí mismos inservibles para mí) en vez de deleitarme con la pila de temas que tengo “para leer cuando tenga un rato libre”

y sí, leer cosas que me aburren y vienen a cuento de la parte de la carrera que menos me interesa es totalmente necesario, para sacarme de encima esto y poder dedicarme luego de lleno a lo que realmente me interesa, pero ¡qué pocas ganas!

y sí, todo suma

y sí, soy la primera en defender a la universidad como ámbito de conocimiento universal

pero (siempre hay un pero) hoy por hoy necesito un paréntesis, un corchete o una llave, que me aleje de la universalidad y me deje dedicarme a mi individualidad…

tanto por aprender y tan poco tiempo para hacerlo!

y aquí me encuentro… intentando decidir si me atrevo a arriesgar lo que debo por lo que quiero, aunque sea por un ratito…

y sufrir luego las consecuencias?

acaso mi lección de esta época está en saber priorizar

cuando el tiempo es poco y no se puede englobar lo que debo y lo que quiero…

¿cómo logro cumplir lo que debo, sin hacer de más y poder dedicar así tiempo a mis gustos personales?

debo dejar mi lado perfeccionista que desea cumplir con todo al 100%?

creo que eso me cuesta aún más que sentarme a leer dos aburridísimos libros y realizar las posteriores síntesis, mapas conceptuales y asociación de ideas…….. en 2 días……….

estudio…

•Mayo 10, 2009 • Dejar un comentario

Según wikipedia: Por estudio se entiende el ejercicio de adquisición, asimilación y comprensión para conocer o comprender algo.

es por eso que estudio diseño y, mientras estudio diseño, estudio un montón de cosas más…